PROYECTO DE HOMILÍA.
El fragmento que hemos leído es la finalización del Evangelio de Mateo. Las palabras y expresiones que se utilizan constituyen una inclusión con el relato de las Tentaciones que Mateo sitúa al comienzo de la vida pública de Jesús. Pero hay un cambio importante: en las Tentaciones del comienzo, Satanás aparece como el Amo del mundo que ofrece a Jesús el dominio sobre todas las cosas si se postra y le adora. En cambio ahora, al término del Evangelio, es Jesús quien se presenta como aquel a quien "Dios (no Satanás) ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra".
Con esta INCLUSIÓN INVERTIDA, Mateo sitúa toda la obra de Jesús dentro del contexto de un "cambio de Amo". Hasta Jesús, el Amo es, de hecho, Satanás, personificación de las Relaciones de Dominio entre los humanos. Jesús, resucitando, le quita el armamento que le hacía invencible (Mateo 12,28 s), es decir: su capacidad de matar, e inaugura un nuevo Reino: Reino de la Hermandad.
La misión de los discípulos es anunciar este nuevo Reino, invitando a todos a entrar y a disfrutar de él. "Id a todas las gentes, bautizadles…". "Convertir" y "bautizar" no se deben entender en sentido confesional, como si se buscaran "clientes" para una nueva Religión, sino que es lo que desde el comienzo de la predicación de Jesús estaba previsto: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres" (Mateo 4,19). "Pescadores", porque el "mar", con sus monstruos marinos, y con su capacidad de engullir a los vivientes, es un símbolo del Reino de la Muerte, donde domina el “príncipe de este mundo". El Reino de Jesús se inicia con el "Crucificado". La "vida entregada por los demás" es el elemento principal y constitutivo de este su Reino. "Enseñadles a guardar todo lo que yo os he mandado".
El "reino de Jesús" no es una alternativa al "reino de este mundo" sino su transformación radical. El reino de este mundo siempre acaba matando, el reino de Jesús permite transformar la muerte en una "vida que se entrega", asumida en la propia Vida de Dios. Para transformar el reino de este mundo Jesús no utiliza ejércitos, sino que le entrega su "espíritu" que permite a quienes le acojan pasar de ser "poseídos por el espíritu maligno" a ser "ciudadanos libres".
Si la liturgia nos propone hoy la lectura de este final del Evangelio es porque se menciona explícitamente la TRINIDAD: "… bautizadles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
Terminados los ciclos de Navidad y de Pascua, la liturgia celebra hoy la Fiesta de la Santísima Trinidad como RESUMEN y SINTESIS de toda la obra de Jesús. Toda la obra de Dios es trinitaria.
Esta fiesta quiere hacer muy explícito un cambio en nuestra forma de entender a "DIOS". Las limitaciones de nuestra inteligencia no nos permiten hablar de Dios sin imaginarle de alguna forma. Dado que le imaginamos, conviene superar la posible tendencia a imaginarle como un solitario que vive allí en el Cielo, en su Mundo, y que se "distrae" un poco metiéndose en nuestras vidas …
Alguien dijo que si las vacas pensaran, imaginarían a Dios como una "Gran Vaca". También los humanos tenemos la tendencia a imaginarle como un "Hombre Grande". Y un Hombre Grande a menudo lo entendemos como alguien muy poderoso, independiente, único en su poder.
Pues bien: a través de Jesús descubrimos que esta forma de imaginar a Dios está fuertemente equivocada. Si queremos imaginar a Dios, hay, más bien, que imaginarle como "FAMILIA", y que nos invita a participar de su VIDA FAMILIAR.
Hay una incongruencia lingüística en el texto que hemos leído. Jesús dice: "… bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". "El Hijo" es él. Por lo tanto, debería decir: bautizadlos en el nombre del Padre, en mi nombre y en el del Espíritu Santo. ¿Por qué en las palabras de Jesús se habla del "Hijo" como si no fuera él?
Está claro que estas palabras no las dijo directamente Jesús. San Mateo las pone en boca de Jesús, pero en realidad era una fórmula bautismal de las primeras comunidades cristianas, y lo es aún actualmente.
Mateo no tiene inconveniente en ponerlas en boca de Jesús porqué las primeras comunidades (y ahora) eran muy conscientes de ser "la expresión de la vida resucitada de Jesús". Jesús es viviente, y continúa hablando a través de la Comunidad. La Comunidad es el "cuerpo" de su vida resucitada.
No sólo estas palabras de hoy, sino también muchísimas otras palabras y acciones que los evangelios atribuyen a Jesús, no pertenecen directamente al Jesús individual que anduvo por Palestina hace unos 2000 años, sino que pertenecen al Jesús vivo en la comunidad.
Saber qué dijo y qué no dijo realmente el Jesús histórico de Palestina es difícil. Algunos estudiosos lo están estudiando, porque sería "interesante" saberlo. Sin embargo, la FE no es FE en una persona que existió hace dos mil años sino que es FE en Dios, que por Jesucristo, hace dos mil años y ahora, nos invita a participar de su Vida familiar.
Esta forma de entender el mensaje evangélico es especialmente importante en la actualidad, en una sociedad plural. Nos protege de toda tentación fundamentalista. Según los evangelios, Jesús es "el hombre" en quien se hace plenamente visible el amor de Dios a la Humanidad. Allí donde hay un ser humano que acoge el don de Dios, allí se nos hace encontradizo el "protagonista" de los Evangelios, aunque sea fuera del ámbito "cristiano" o "religioso".
MENSAJE.
Aquello que la Iglesia quiere expresar a través de la palabra "TRINIDAD" constituye la novedad y el núcleo más esencial y característico del Evangelio. Dado que cada uno de los humanos conocemos por experiencia propia lo que es el "Poder" y lo que es "el Amor", quizás podríamos decir que, en la TRINIDAD, confesamos que "Dios es Amor", y no Poder (si lo entendemos desde nuestra experiencia del Poder).
No fue fácil a los primeros cristianos encontrar un lenguaje adecuado para hablar de Dios-Padre, de Jesús-Hijo y del Espíritu Santo. Lo podemos comprobar, aún hoy, en el lenguaje tan complicado del "Credo" de la misa. Hubo fuertes discusiones, divisiones, excomuniones e, incluso, peleas.
El actual "Credo" de la misa nos llega desde el año 451 (Concilio de Calcedonia, al lado de Constantinopla, actualmente Estambul). El del Catecismo nos viene del año 325 (Concilio de Nicea, también junto a Constantinopla)
Hoy, cuando se busca un diálogo con las otras Religiones, este lenguaje puede convertirse en un obstáculo.
Desde el Judaísmo y el Islam, el concepto de Dios-Trinidad es entendido como una infidelidad al monoteísmo ("Un solo y único Dios").
Conviene ser conscientes de este hecho e intentar ir encontrando un lenguaje que no provoque ese rechazo. Sería una lástima que, por una cuestión de lenguaje, estos compañeros nuestros se vean privados de un MENSAJE realmente "buena noticia", y que no presenta ninguna incongruencia con su Religión.
Evidentemente, nuestra fe en Dios incluye la confesión de la absoluta unidad de Dios. "Padre, Hijo y Espíritu Santo" no son tres Dioses sino la forma de ser (vivir) del Único Dios. Hablar de "Tres Personas" para hablar de Dios, posiblemente no sea la mejor manera, ni de cara al Islam ni de cara a nosotros mismos.
También desde las Filosofías-religión orientales, fuertemente marcadas por una experiencia que, en nuestro lenguaje, se asemeja a TOTALIDAD o PLENITUD, la idea de un Dios-persona resulta absurda y, incluso, escandalosa, ya que la "individualidad" es intuida como una ruptura de la PLENITUD, y sentida como un mal.
También aquí será conveniente ir encontrando ese LENGUAJE que permita aunar "Plenitud" y "Persona": dos dimensiones que pueden parecer contradictorias, pero que, bien entendidas, nos pueden servir para acercarnos a la "Realidad Absoluta".
RESPUESTA.
Para "ilustrar" el concepto de TRINIDAD suelen proponerse diferentes ejemplos: "tres ramas formando un solo árbol"; tres colores (rojo, verde y azul) que hacen una sola y única luz (blanca); tres dimensiones de cada uno de los objetos; triángulo; etc. …
No debemos preocuparnos tanto de hacer concordar números diferentes (el 1 y el 3) sino de madurar en nuestra vivencia del amor. El "misterio" de la Trinidad no es distinto al "misterio" del Amor.
Cada uno de nosotros está invitado a entrar en este misterio. A pesar de ser un "misterio", es también una realidad de la que tenemos experiencia, tanto pasiva (somos amados) como activa (amamos).
Sólo el Amor nos permite "sintonizar" con la forma de vivir propia de Dios, digamos Trinidad, Familia, Vida, Libertad, Comunión, Plenitud, Totalidad, Misterio, …
Seguramente alguna vez habréis oído a alguien que decía: "Cuando me enamoré, me di cuenta de que empezaba a VIVIR realmente. Antes, mi vida no era propiamente ‘vida’. Ahora VIVO, y no sé imaginarme a mí mismo sin vivir por mi amor, y sentirme acogido por él".
San Pablo, en su carta a los Gálatas (2,20), confiesa: "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí".
¿Son uno? … ¿Son dos? … ¿Son tres? … No importa … Es AMOR.
PREGUNTAS para el diálogo.
- Todo lo que se hace en la Iglesia comienza "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", y suele acabar proclamando "gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo". ¿Qué efectos tiene este hecho en la forma de hacer lo que hacéis?
- ¿Os parece que, en ocasiones, en la forma de afirmar que "en Dios hay tres personas", se ha entendido mal, como si fueran tres Dioses?
- ¿Os parece que en el modo de afirmar que Dios es "persona", a veces se ha entendido mal, como si fuera una "arruga" dentro de la Plenitud de la Realidad Absoluta?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)